Ladisberto Castañeda y el sueño cumplido

Por Isván Manuel Cano Hidalgo

Ladisberto Castañeda es de esas personas con un halo especial que los rodea. Con un carisma personal que transpira alegría, este humorista camagüeyano, después de intentar radicarse en La Habana y ya con una carrera bastante consolidada en su provincia, se unió a La Seña del Humor hace algún tiempo.

Háblanos un poco de tus comienzos. ¿Cómo comenzó Castañeda en el Humor?

Allá por el año 93 comienzo a gatear en la cuestión del humor. Empecé haciendo parodias con mi guitarra, como aficionado.

Presenté mis primeros temas en el Té de Manolo, en las peñas literarias que se hacían en la ciudad, en la UNEAC. Recuerdo que en el Teatro Tasende también me presentaba y así estuve de solista hasta el año 95, cuando conozco a Diego Álvarez Tan, el Cortico de Pateando la Lata, e hicimos un grupo humorístico, el primero que recuerdo que tuvo carácter profesional aquí en la provincia: el grupo Samueca.

Éramos cuatro actores, aquello parecía un ajedrez, dos negros y dos blancos. Por ahí empezamos y entramos al Centro Promotor del Humor, cuando se funda este.

¿Cómo llegas a la Seña del Humor de Matanzas?

Precisamente la historia siguió. Con Samueca nos presentamos en varios lugares del país, pero ese grupo tuvo un año de vida, aunque obtuvimos diferentes premios del humor en varias provincias.

Pero el grupo se desintegra, después sigo como solista, brincó para La Habana, después regresó a Camagüey, aquí trabajé con el Conjunto Dramático y seguí haciendo humor como solista en diferentes lugares de la provincia.

Es una historia larga, pero para no hacerla tan larga, nuevamente estoy en La Habana haciendo trabajo de solista y La Seña del Humor me va a ver al Centro Promotor del Humor, porque en esos momentos el que de ellos tocaba la guitarra tuvo que irse a trabajar a España –un contrato de trabajo–y se quedaron ellos sin el que le garantizaba la música y entonces hablan conmigo y me incorporo a La Seña, voy de La Habana para Matanzas y ahí comienzo a trabajar con ellos, eso fue en el tránsito del 2000 al 2001, más o menos.

Castañeda es camagüeyano y empezó en Camagüey a hacer humor. ¿Cómo se siente ahora Castañeda al venir de visita a su ciudad natal, donde tiene amigos, su familia y actuar frente al público que lo vio comenzar, ahora ya él más consolidado, más maduro, con una carrera más encauzada?

Si, es muy reconfortante, imagínate para un actor comenzó aquí haciendo humor con su guitarra humildemente, gratifica mucho.

Además, si yo te digo una cosa tú no me la crees, cuando yo comenzaba -todavía no tocaba la guitarra- yo recuerdo que yo estaba en primaria y allá en el barrio cada vez que anunciaban a La Seña del Humor de Matanzas, que eran cuando aquello un grupo grande -los doce. Yo les decía los Doce Apóstoles del Humor, bueno, me llamaban, oye Castañeda, Pablito me decían a mi, corre que aquí está el que hace la Para Elisa, aquel Carbonel que era el que hacía “Mira Elisa, cosa…”, y yo me arrastraba de la risa con eso, también con el merengue de Brahms.

Y el sueño mío, fíjate que cosa, el sueño mío era hacer un humor como el de ellos, claro también Virulo influenció mucho en mi en la cuestión de las canciones humorísticas más bien.

Virulo, el Conjunto Nacional de Espectáculos, Carlos Ruiz de la Tejera, pero La Seña, La Seña también era el sueño, igual que después conocí a Les Luthiers, a los que también la Seña cuando los vieron definieron qué cosa querían hacer en el humor, cuando vieron a Les Luthiers, dijeron por aquí está encauzada la cosa, un humor muy fino, muy literario, de mucho vuelo. Lo que se puede llamar un humor inteligente.

¿Tienes algún plan, sin que esto afecte la pertenencia al grupo, en el plano individual, algún unipersonal, un monólogo, algo así?

Si, todavía le debo a quien fuera mi Maestro aquí en Camagüey, le debo a Niurkis Pérez, escritora de Radio Cadena Agramante, un unipersonal, que está escrito lo que tengo que llevarlo a las tablas.

Tengo que actualizarlo, pues se quedó un poco atrás en cuanto al contexto, porque utilicé algunos códigos de los años 80 y 90, sobre todo de los 90, pero tengo que tratar de encauzarlo, porque pienso que vale la pena. Tiene un tema que hace falta que la gente lo disfrute, lo consuma: la profesionalidad.

Y voy a escribir para la radio también allá en Matanzas, una serie que se llama Las tribulaciones de Ahmed, el Califa, es una serie de aventuras humorísticas. Además actualmente estoy trabando en el programa Barquito de Papel, de TV Yumurí, que sale por la televisión nacional, los jueves a las 5:15 de la tarde.

Eso que me acabas de decir es algo que le debes a Niurkis, al pueblo. ¿Además de eso, Ladisberto tiene una aspiración especial en el humor que no quiere dejar de hacer en la vida, algo que quiera hacer a mediano, a largo plazo, o a corto plazo, pero algo que no quisiera irse de este mundo sin haber hecho en el humor?

Me gustaría hacer una comedia con mis hermanos de lucha, con todos los comediantes de Cuba, que hay tremendo talento para eso.

Ojalá que algún día, no se si será un empresario, tú sabes que se hacen muchas coproducciones, Cuba-Italia, Cuba-España, me imagino que la cosa vendría por Cuba-España o por Cuba-México o Cuba-Argentina, que son los hispanos hablantes.

Pero hacer una comedia de verdad, una comedia bien sonada. Aquí tenemos a Tomás Gutiérrez Alea y hay una tradición de cine cubano grandísima para hacer una buena comedia humorística. Eso si me gustaría hacerlo.

¿Hay algo más que quisieras agregar?

Repetirte un poquito lo que te dije ahorita que era un sueño cuando yo comenzaba a gatear en el humor, ver a La Seña del Humor al principio y que el sueño se cumplió y…

- Más bien una pesadilla, interviene Moisés- director de La Seña del Humor-, que escuchaba en una esquina de la habitación.

Una pesadilla, oye como dice Moisés. La Seña es una filosofía para mi, una estética, como dice Moisés, y se cumplió el sueño.

Pienso que con La Seña… he aprendido a imbuirme de una estética, de un gusto, de no salirse de esa línea. Porque, bueno, yo siempre fui muy conservador a la hora de hacer canciones humorísticas, ellos a veces me critican Castañeda, todavía está muy blanco, dale más, y es verdad, porque soy conservador, pero eso se lo debo a La Seña también, la estética que Moisés y Adrián me han inculcado, la forma de actuar, de limar las cosas, eso es importante.

Te digo que es el grupo que proyecta la estética del humor en los 80, y a raíz de eso es una constelación de gente lo que salió.

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