Los ensabanados del San Juan

(fragmentos)

Tomado de la Edición Especial de la Cartelera Cultural “Cedicultur”, del Centro de Documentación e Información del Turismo, perteneciente a la Escuela de Hotelería de Camagüey

[...] El San Juan era una vieja tradición principeña que unos hacían remontar al siglo XVIII y otros consideraban mucho más vieja.

En la primavera, una vez concluidas las transacciones de ganado vacuno, principal fuente económica del territorio, los hacendados, encomenderos, peones o simples ociosos se dedicaban a festejar de manera rústica el final de un ciclo de laboreo. A pesar de su nombre genérico, no se trataba de una fiesta religiosa, sino profana, que se ubicaba de manera estable entre las celebraciones católicas de San Juan Bautista (24 de junio) y San Pedro (29 de junio), aunque muchas veces su extensión era mayor.

Los ganaderos acostumbraban a entrar a la población emulando en su destreza como jinetes, era habitual que lo hicieran por una vía conocida desde entonces como Calle del San Juan o de las Carreras. (1) Ya en la villa, se dedicaban a celebrar torneos, bailes, paseos, meriendas y "asaltos" o visitas que eran pretextos para cenas abundantes. El disfraz más común era el de "mamarracho", que consistía simplemente en cubrirse el cuerpo con petates o yaguas, y pintarse o tiznarse el rostro con almagre o carbón [...].

Las diversiones parecían reducirse a las carreras hípicas, las bromas y vejaciones de las que eran objeto personas de todas las clases sociales [...].

Otro hábito de esos tiempos era la "caza del verraco" en que unos individuos, disfrazados de monteros, daban caza a otro, que hacía de “verraco", no solo por las calles de la villa, sino en el interior de cuanta casa encontraran abierta a su paso, con el consiguiente desorden que alguna vez concluyó en hechos sangrientos.

El ambiente se hacía ligeramente más refinado a partir de las cuatro de la tarde, cuando se producía el paseo de las damas y los galanes a caballo, todos —señoras, jinetes y cabalgaduras— emulaban por lo vistoso de sus adornos. En la noche se celebraban bailes en las casas de los vecinos principales o en ciertos barrios, adornados con ramas e iluminados con antorchas.

Cansados los vecinos de Puerto Príncipe de la prolongada suspensión de estas fiestas, lograron que el Cabildo elevara en 1824 una solicitud al Tribunal de la Real Audiencia para remover la prohibición, alegando que existían las condiciones para mantener bajo control las diversiones.

Nada se logró durante una década, pues contaban con la oposición de las autoridades, representadas por el Conde de Villamar y el fiscal de lo Civil Francisco Ramón Hernández de la Joya, quienes convirtieron el asunto en un problema político, pues se quiso ver en los partidarios del San Juan a simpatizantes del período "constitucionalista", a los que los representantes del absolutismo debían mantener a raya. Estos elementos lograron, inclusive, que el capitán general Miguel Tacón publicara una circular el primero de agosto de 1834 en la que ratificaba la prohibición, bajo el pretexto de que no estaban permitidos los bailes de disfraces, a pesar de que ya habían sido autorizados algunos en La Habana. (2)

En lo que el asunto se resolvía, algunas personas del pueblo, de las que no podían acudir a la Audiencia ni al capitán general, decidieron "sanjuanear" por su cuenta y necesitaban para ello algún disfraz fácil de llevar y de desaparecer si topaban con algún celador de policía. La solución de los rebeldes fue muy ingeniosa. El Lugareño explica de manera muy viva cómo surgieron los ensabanados, que llegarían a convertirse en uno de los elementos más peculiares de estas fiestas:“Temeroso el gobierno de que el disfraz de las máscaras por la noche pudiera perjudicar el orden público, ó acarrear algunas desgracias, prohibió enmascararse. El pueblo, nunca bastante saciado de su diversión, y acostumbrado a usar el San Juan de noche, buscó un medio ingenioso de eludir la prohibición, y lo encontró en las sábanas, manteles, cortinas y cuantos lienzos le vinieron a las manos. La sábana o colcha de una cama es un mueble con el cual puede uno cubrirse de pies a cabeza; es un mueble quitadizo, mueble que de un golpe se presenta colgado al brazo como una toalla que se lleva al río, ó a casa de la lavandera, quedando la persona en trage casero y burlada la prohibición graciosamente”. (3)

Mas los criollos no eran fáciles de desanimar y lograron que el procurador a Cortes José Serapio Mojarrieta, promoviera en Madrid, ante la reina María Cristina, la restitución de los festejos. Este obtuvo un oficio, firmado el 24 de septiembre de 1835 por el secretario de lo Interior, Ángel Vallejo, en el que se autorizaban las celebraciones. Aunque las autoridades insulares quisieron hacer resistencia, un documento que tenía el visto bueno de la Reina Gobernadora no era fácil de desconocer y el propio Tacón tuvo que ceder. La Real Orden fue publicada en la Isla el 4 de diciembre para júbilo de los lugareños. El San Juan había regresado para quedarse... aunque ahora más moderado y sujeto al reglamento que las autoridades fijaran en los bandos correspondientes.

Los bandos conservados de esa época prohíben las carreras a caballo en el centro de la población y destinan áreas periféricas de la ciudad para ese fin, se mantiene la expresa negativa para el uso nocturno de máscara o disfraz que oculte el rostro, lo que incluye a los ensabanados, a la vez que hace la aclaración, que llegaría a hacerse habitual, de que los trajes usados no pueden copiarse de los de las corporaciones eclesiásticas, civiles y militares y no pueden ser ofensivos al pudor y la honestidad, ni se tolera el uso de ningún tipo de armas.

Se estableció, además, la ruta oficial para el paseo de los carruajes, uno de estos bandos indicaba: “[...] seguir la dirección de la iglesia Parroquial Mayor al Hospital de San Juan de Dios, de este al convento de San Francisco, de allí a la parroquia de la Soledad, seguir al convento de las Mercedes y volver al punto primero”. Poco a poco las diversiones van refinándose, bajo la influencia del carnaval europeo, con sus comparsas y disfraces de carácter histórico o novelesco [...].

Fuente: Méndez Martínez, Roberto. Leyendas y Tradiciones del Camagüey. Camagüey : Ácana, 2003. – 121 p.

(1) Hoy calle Avellaneda.

(2) Según el Dr. Roberto Méndez los festejos sanjuaneros quedaron prohibidos, a raíz de un insulto que recibiera la esposa de un funcionario español durante el San Juan de 1817; el intendente de Ejército y Hacienda, don José de Vildósola escribió al Capitán General, quien no tardó en firmar la prohibición definitiva de celebrar el San Juan en Puerto Príncipe, medida que se mantuvo durante algunos años.

(3) Betancourt Cisneros, Gaspar. San Juan en Puerto Príncipe. En: El Aguinaldo Habanero, ed. Cit., p.218.

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1 comments:

At 10:22 a. m., Anonymous Anónimo said...

Buen sabor a formación de la nacionalidad cubana Isvàn , a partir de la brecha entre los intereses peninsulares y los de los nacidos en la isla.
Me ha hecho recordar este escrito a aquel periòdico "El papel periòdico de La Habana" creado en 1790, si mal no recuerdo, en el que se manejò por vez primera el vocablo Patria.
Fue la tribuna en que comenzaron a expresarse los intereses de los hacendados cubanos.
Hasta pronto

Zenia
http://imaginados.blogia.com

 

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