En Camagüey VI Simposio Internacional de Cerámica Artística Contemporánea Puerto Príncipe 2008

El VI Simposio Internacional de Cerámica Artística Contemporánea Puerto Príncipe 2008, tendrá lugar del 15 al 30 del mes en curso en la ciudad de Camagüey.

Con la participación de artistas de más de diez países y considerado el tercer evento de más relevancia en el continente americano, el programa del Simposio prevé la exposición de las obras, al igual que conferencias e intercambios entre los creadores y con el público.

Surgido en 1999 por iniciativa de los artistas Oscar Rodríguez Lasseria y Nazario Salazar, el acontecimiento cultural contará además con la presencia de la también camagüeyana Martha Jiménez y los habaneros Amelia Carballo y Pastor Fumero.

El Simposio Internacional de Cerámica Artística se celebra cada dos años en Camagüey y en esta edición contará con la presencia de creadores europeos, latinoamericanos y australianos, y estará dedicado al ya fallecido alfarero Miguel Báez, quien en 1975 reanudó la producción del tinajón, que se había detenido en el siglo XIX.

Los artistas participantes en el Simposio donarán sus obras para el proyectado Museo de la Cerámica Artística Contemporánea de la provincia, para el cual se hallan alamacenadas ya más de 200 piezas, cedidas en las ediciones anteriores del evento, las cuales al entender de Lasseria, "constituyen un gran tesoro universal en la ciudad".

En la presente edición, Puerto Príncipe 2008 centrará su atención en la relación entre la tierra, la moda y la arquitectura.

Etiquetas: , , , , , , ,


Los ensabanados del San Juan

(fragmentos)

Tomado de la Edición Especial de la Cartelera Cultural “Cedicultur”, del Centro de Documentación e Información del Turismo, perteneciente a la Escuela de Hotelería de Camagüey

[...] El San Juan era una vieja tradición principeña que unos hacían remontar al siglo XVIII y otros consideraban mucho más vieja.

En la primavera, una vez concluidas las transacciones de ganado vacuno, principal fuente económica del territorio, los hacendados, encomenderos, peones o simples ociosos se dedicaban a festejar de manera rústica el final de un ciclo de laboreo. A pesar de su nombre genérico, no se trataba de una fiesta religiosa, sino profana, que se ubicaba de manera estable entre las celebraciones católicas de San Juan Bautista (24 de junio) y San Pedro (29 de junio), aunque muchas veces su extensión era mayor.

Los ganaderos acostumbraban a entrar a la población emulando en su destreza como jinetes, era habitual que lo hicieran por una vía conocida desde entonces como Calle del San Juan o de las Carreras. (1) Ya en la villa, se dedicaban a celebrar torneos, bailes, paseos, meriendas y "asaltos" o visitas que eran pretextos para cenas abundantes. El disfraz más común era el de "mamarracho", que consistía simplemente en cubrirse el cuerpo con petates o yaguas, y pintarse o tiznarse el rostro con almagre o carbón [...].

Las diversiones parecían reducirse a las carreras hípicas, las bromas y vejaciones de las que eran objeto personas de todas las clases sociales [...].

Otro hábito de esos tiempos era la "caza del verraco" en que unos individuos, disfrazados de monteros, daban caza a otro, que hacía de “verraco", no solo por las calles de la villa, sino en el interior de cuanta casa encontraran abierta a su paso, con el consiguiente desorden que alguna vez concluyó en hechos sangrientos.

El ambiente se hacía ligeramente más refinado a partir de las cuatro de la tarde, cuando se producía el paseo de las damas y los galanes a caballo, todos —señoras, jinetes y cabalgaduras— emulaban por lo vistoso de sus adornos. En la noche se celebraban bailes en las casas de los vecinos principales o en ciertos barrios, adornados con ramas e iluminados con antorchas.

Cansados los vecinos de Puerto Príncipe de la prolongada suspensión de estas fiestas, lograron que el Cabildo elevara en 1824 una solicitud al Tribunal de la Real Audiencia para remover la prohibición, alegando que existían las condiciones para mantener bajo control las diversiones.

Nada se logró durante una década, pues contaban con la oposición de las autoridades, representadas por el Conde de Villamar y el fiscal de lo Civil Francisco Ramón Hernández de la Joya, quienes convirtieron el asunto en un problema político, pues se quiso ver en los partidarios del San Juan a simpatizantes del período "constitucionalista", a los que los representantes del absolutismo debían mantener a raya. Estos elementos lograron, inclusive, que el capitán general Miguel Tacón publicara una circular el primero de agosto de 1834 en la que ratificaba la prohibición, bajo el pretexto de que no estaban permitidos los bailes de disfraces, a pesar de que ya habían sido autorizados algunos en La Habana. (2)

En lo que el asunto se resolvía, algunas personas del pueblo, de las que no podían acudir a la Audiencia ni al capitán general, decidieron "sanjuanear" por su cuenta y necesitaban para ello algún disfraz fácil de llevar y de desaparecer si topaban con algún celador de policía. La solución de los rebeldes fue muy ingeniosa. El Lugareño explica de manera muy viva cómo surgieron los ensabanados, que llegarían a convertirse en uno de los elementos más peculiares de estas fiestas:“Temeroso el gobierno de que el disfraz de las máscaras por la noche pudiera perjudicar el orden público, ó acarrear algunas desgracias, prohibió enmascararse. El pueblo, nunca bastante saciado de su diversión, y acostumbrado a usar el San Juan de noche, buscó un medio ingenioso de eludir la prohibición, y lo encontró en las sábanas, manteles, cortinas y cuantos lienzos le vinieron a las manos. La sábana o colcha de una cama es un mueble con el cual puede uno cubrirse de pies a cabeza; es un mueble quitadizo, mueble que de un golpe se presenta colgado al brazo como una toalla que se lleva al río, ó a casa de la lavandera, quedando la persona en trage casero y burlada la prohibición graciosamente”. (3)

Mas los criollos no eran fáciles de desanimar y lograron que el procurador a Cortes José Serapio Mojarrieta, promoviera en Madrid, ante la reina María Cristina, la restitución de los festejos. Este obtuvo un oficio, firmado el 24 de septiembre de 1835 por el secretario de lo Interior, Ángel Vallejo, en el que se autorizaban las celebraciones. Aunque las autoridades insulares quisieron hacer resistencia, un documento que tenía el visto bueno de la Reina Gobernadora no era fácil de desconocer y el propio Tacón tuvo que ceder. La Real Orden fue publicada en la Isla el 4 de diciembre para júbilo de los lugareños. El San Juan había regresado para quedarse... aunque ahora más moderado y sujeto al reglamento que las autoridades fijaran en los bandos correspondientes.

Los bandos conservados de esa época prohíben las carreras a caballo en el centro de la población y destinan áreas periféricas de la ciudad para ese fin, se mantiene la expresa negativa para el uso nocturno de máscara o disfraz que oculte el rostro, lo que incluye a los ensabanados, a la vez que hace la aclaración, que llegaría a hacerse habitual, de que los trajes usados no pueden copiarse de los de las corporaciones eclesiásticas, civiles y militares y no pueden ser ofensivos al pudor y la honestidad, ni se tolera el uso de ningún tipo de armas.

Se estableció, además, la ruta oficial para el paseo de los carruajes, uno de estos bandos indicaba: “[...] seguir la dirección de la iglesia Parroquial Mayor al Hospital de San Juan de Dios, de este al convento de San Francisco, de allí a la parroquia de la Soledad, seguir al convento de las Mercedes y volver al punto primero”. Poco a poco las diversiones van refinándose, bajo la influencia del carnaval europeo, con sus comparsas y disfraces de carácter histórico o novelesco [...].

Fuente: Méndez Martínez, Roberto. Leyendas y Tradiciones del Camagüey. Camagüey : Ácana, 2003. – 121 p.

(1) Hoy calle Avellaneda.

(2) Según el Dr. Roberto Méndez los festejos sanjuaneros quedaron prohibidos, a raíz de un insulto que recibiera la esposa de un funcionario español durante el San Juan de 1817; el intendente de Ejército y Hacienda, don José de Vildósola escribió al Capitán General, quien no tardó en firmar la prohibición definitiva de celebrar el San Juan en Puerto Príncipe, medida que se mantuvo durante algunos años.

(3) Betancourt Cisneros, Gaspar. San Juan en Puerto Príncipe. En: El Aguinaldo Habanero, ed. Cit., p.218.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,


Una muestra de solidaridad principeña

Por Isván Cano Hidalgo

Hay historiadores que sitúan el hecho en 1728, mientras que otros lo hacen en 1716, pero lo cierto es que el capitán español Juan del Hoyo Solórzano fue enviado a rescatar valiosos tesoros pertenecientes al Estado español, y perdidos en el naufragio de la flota en el Palmar de Aiz.

Solórzano envió a La Habana más de cuatro millones de pesos y como retribución a su esfuerzo fue nombrado gobernador de Santiago de Cuba.

Pero no tardaron en aparecer los envidiosos y se le denunció por supuestamente haberse quedado con parte del tesoro rescatado.

Mientras esto ocurría, el pirata Henry Jennings atacó el lugar del naufragio y obtuvo más de 350 000 pesos de aquel tesoro.

En represalia, corsarios de La Habana y de Santiago de Cuba arremetieron contra un destacamento de mercantes ingleses y se apoderaron de 22 embarcaciones y de un centenar de prisioneros.

A Manuel Miralles le fue encomendado seguir los buceos del Palmar de Aiz. Contraatacó a los ingleses que allí estaban, y al frente de cinco balandros, les capturó 80 000 pesos, 98 negros esclavos y apresó a 86 británicos.

Pero volvamos al tema que nos ocupa. Del Hoyo Solórzano, al enterarse de la orden de detención en su contra, escapó y partió hacía Puerto Príncipe (actual Camagüey).

Los principeños lo recibieron como gobernador, pero a esa villa arribaron los que le buscaban y ante tal situación Solórzano vehementemente se declaró inocente y víctima de una conjura de sus enemigos.

Todo lo creyeron los vecinos de Puerto Príncipe y decididos se opusieron a los soldados que buscaban atrapar al gobernador.

En el encuentro armado hubo muertos y heridos de ambas partes y aunque al final Juan del Hoyo Solórzano fue apresado, recibió una sincera demostración de solidaridad.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,


Francisco Agüero: primer mártir por la libertad de Cuba

Por Isván Manuel Cano Hidalgo

Sólo una décima, por demás de desconocido autor, fue el tributo póstumo a la memoria de Francisco Agüero y Velazco, Frasquito, y Manuel Andrés Sánchez Pérez:

Pendientes de un vil madero
de Marzo el día dieciséis
de Ochocientos veintiséis
murieron Sánchez y Agüero.
Consternado el pueblo entero
llanto amargo derramó
cuando ejecutado vio
el fallo que dio la Audiencia
en la causa de infidencia
que contra ellos formó.

Por razones obvias, las autoridades españolas silenciaron el hecho, ocultando la connotación revolucionaria a la opinión pública del país y del resto del continente.

Todo comenzó el 20 de enero de 1826, cuando después de una travesía desde Kingston, Jamaica, en la balandra inglesa Marylandia, que poco faltó para que naufragara, dos camagüeyanos — oficiales del ejercito de Colombia —, Frasquito, blanco, y Manuel Andrés, mulato libre, desembarcaron en Sabanalamar, en las proximidades de Santa Cruz del Sur.

Cerca de Puerto Príncipe, en la finca Las Cuabas, los expedicionarios trataron de encender la llama insurrecta, contando con que Bolívar los respaldaría, aunque nunca hubo una promesa del Libertador al respecto.

Delatados más tarde, fueron capturados el 20 de febrero y condenados por la Real Audiencia. Murieron ahorcados en la Plaza Mayor, el 16 de marzo de aquel año.

Frasquito Agüero acababa de cumplir 33 años y su compañero Manuel Andrés Sánchez, sólo 21.

Pero no fue hasta más de un siglo después, cuando el historiador — también camagüeyano — Gustavo Sed Nieves, logró descubrir cuestiones que permanecían ocultas hasta ese momento, y puso así en claro la verdad histórica de aquellos sucesos.

Sed Nieves demostró que sólo Frasquito, y no así Manuel Andrés, era merecedor de la condición de primer mártir por la libertad de Cuba.

El historiador agramontino halló documentos que probaban que Manuel Andrés Sánchez envió una carta a su padrino de bautismo, el regidor Francisco de Borja Agramonte Recio, de cuya lectura se infiere que Sánchez vacilaba y estaba resuelto a claudicar con tal de salvarse.

Aunque no hay evidencia de que Borja Agramonte denunciara a los revolucionarios, el mensaje de su ahijado sí aparece en el expediente de la causa.

La misiva, fechada el 16 de febrero de 1826, y de la cual respetamos su ortografía, expresaba textualmente:

"He expuesto mi vida por livertarla de algunos paisanos, espero no me darán mal pago. Considere V. que soy un infeliz que por avisar a Ustedes he perdido mi bien estar y mi subsistencia. Al oir los siniestros proyectos de unos bárbaros y sabiendo Ustedes esto con anticipación podrán estorbarlos o al menos librarse de sus pesquisas... Yo era de los primeros entusiastas por la livertad, bien que nunca había oido asunto de asecinamientos (cosa que no entraré jamás)... Pero algunos hijos del país tratan de tomar venganza en algunas personas de entidad. Entre ellos D. Ignacio me consta y dos Agramontes más, V. es uno. Por este papel no instruyo a V. sino de los preludios de lo que quiero informar, trate de que hablemos a solas porque en presencia de personas corro riesgo tanto de Govierno como del que he desertado."

Agramonte Recio y su ahijado se entrevistaron esa noche. Cuando Frasquito supo de esta conversación y de la actitud cobarde y traicionera de su compañero, discutió violentamente con él, y ordenó a los esclavos del ingenio San José de Las Cuabas — que pertenecía a un miembro de su familia — que lo capturaran, pero Manuel Andrés logró escapar a los potreros, y allí permaneció hasta que fue detenido por las autoridades coloniales, el 20 de febrero.

Detenido también Frasquito, fueron llevados a Puerto Príncipe, y encerrados en calabozos del cuartel del regimiento de León.

Manuel Andrés entonces solicitó que se le tomara declaración voluntaria, el 22 de febrero. Deseaba informar "cosas interesantes y decir la verdad".

Por otra parte, el letrado defensor de Andrés Sánchez intentó echar toda la culpa a Frasquito Agüero.

Alegaba que

"... por su mayor edad, su astuta perspicacia, su carácter indomable y otras circunstancias agravantes, había tomado tal preponderancia en el ánimo del pobre Andrés, que era sin duda una víctima del otro".

De todas maneras la Real Audiencia de Puerto Príncipe, en sesión pública del 13 de marzo de 1826, declaró culpables del delito de alta traición a los encartados Francisco Agüero y Velazco y Manuel Andrés Sánchez Pérez, condenándolos a pena de muerte por ahorcamiento. Tres días después eran ejecutados.

En esta sentencia salió a relucir el verdadero carácter del Supremo Tribunal, cuyo Real Sello entró en Puerto Príncipe con toda pompa el 30 de julio de 1800.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,


Bernabé de Varona, soldado de la patria

Por Isván Manuel Cano Hidalgo

Bernabé de Varona y Borrero, conocido desde muy pequeño por el sobrenombre de "Bembeta", nació el 23 de noviembre de 1845 en Puerto Príncipe, hoy Camagüey.

De muy niño quedó huérfano de padre. Procedente de una familia acomodada, a los siete años fue enviado a estudiar a los Estados Unidos. En ese país aprendió el inglés a la perfección, y en 1856 regresó a su ciudad natal.

Se hizo un habil mecanico y trabajó en ingenios azucareros, donde se ganó la simpatía de los esclavos por su prédica de la libertad y la igualdad. Hombre alto, de airosa presencia y corpulento, parecía nacido para dirigir.

Odio al colonialismo

Separatista por naturaleza, desde muy joven comenzó a conspirar contra España, por lo que fue constantemente vigilado por las autoridades hispanicas.

Recorrió diversos lugares de Cuba propagando sus ideales libertarios y demostrando con su arrojo y audacia su odio al colonialismo.

Vidal Morales en su libro Hombres del 68, menciona un curioso hecho conocido como el suceso Pazo Bembeta.

Cuenta Morales que Eduardo Pazo era un librero español, vecino de Puerto Príncipe, que arrendó a la acaudalada Concepción de Miranda una de sus casas para trasladar allí su librería.

Con el propósito de construir unos anaqueles Pazo abrió un hueco en la pared, encontrando unas botijas llenas de oro.

En las fiestas del San Juan de aquel año, el librero paseaba con su familia en un lujoso coche, y al pasar por delante de la Sociedad Filarmónica Bernabé de Varona, siempre de caracter jocoso, le lanzó unos garbanzos con una cerbatana, a lo que Pazo le replicó enfadado, y entonces "Bembeta" le arrojó la colilla del cigarro que fumaba.

Enseguida llegó "un grupo de sargentos con machetes y bayonetas y pretendieron desalojar de la Sociedad a los que en ella estaban", pero usando sus bastones éstos rechazaron a los soldados.

A la tarde siguiente regresaron los guardias españoles a la Plaza de Armas, hoy Parque Agramonte, e insistieron en sitiar la Filarmónica. Entonces los valerosos jóvenes que frecuentaban la Sociedad, entre los que se encontraba "Bembeta", se lanzaron a la plaza donde hubo un violento encuentro entre ambos bandos.

Todo por la revolución

A comienzos de 1868 Varona y Borrero trabajaba de forma activa en pro de la revolución, y durante la molienda (zafra de los ingenios azucareros) de ese año inició una sublevación de negros caleseros. Siempre vigilado, pronto se conoció de sus actividades separatistas, y el 25 de julio de ese año fue apresado y encerrado en la misma galera donde se guardaba el garrote, terrible maquina destinada a la ejecución de la pena de muerte.

Unas semanas mas tarde lo enviaron a La Habana y lo pusieron a disposición del Gobernador general, Francisco Lersundi, quien después de entrevistarse con "Bembeta", quedó impresionado por su conversación y lo dejó en libertad.

Bernabé contactó inmediatamente con el general Manuel de Quesada, con quien desde 1866 sostenía correspondencia sobre la revolución, y éste le ordenó regresar a Camagüey como emisario suyo para investigar ciertos asuntos relacionados con la conspiración en esa ciudad.

A la manigua insurrecta

Cuando supo del alzamiento de Céspedes el 10 de octubre de 1868, de inmediato formó sus tropas y se incorporó a la lucha en el levantamiento del 4 de noviembre en Las Clavellinas, en Camagüey.

Desde el principio de la contienda demostró "Bembeta" sus excelentes facultades como jefe, y pronto se destacó como uno de los mas valientes y aguerridos combatientes.

Cuando el general Quesada desembarcó en Guanaja el 27 de diciembre de 1868, "Bembeta" se puso a sus órdenes. Mas tarde cuando Manuel de Quesada fue nombrado General en Jefe del Ejército Libertador, en abril de 1869, lo nombró Coronel y jefe de la escolta del Cuartel General, pero ya en julio del propio año recibió el grado de General de Brigada.

En mayo tuvo a su cargo el incendio de Guáimaro, ciudad donde un mes antes había sido acordada la primera Constitución de la República en Armas, y cuya defensa resultaba imposible ante el asedio de las fuerzas españolas.

En busca del Virginius

Mas tarde el gobierno de la República en Armas lo envía al extranjero a recaudar fondos para preparar expediciones que proveyeran pertrechos de guerra para los insurrectos en la Isla.

Recorrió Jamaica, México y de allí fue a Nueva York, donde — con la ayuda de Quesada —, se dedicó a la organización de la expedición que debía partir a bordo del vapor Virginius.

A principios de octubre de 1873 zarpó la embarcación desde Nueva York. El vapor arribó a Kingston, Jamaica, para completar su carga y fue delatada su presencia a las autoridades peninsulares de Santiago de Cuba.

Los españoles enviaron el cañonero Tornado para apresar a los cubanos, y el Virginius fue capturado, aunque los insurrectos lograron arrojar al mar la artillería y gran parte del cargamento.

Con el final llega la gloria

En Santiago de Cuba los cubanos fueron juzgados y sentenciados todos a la pena de muerte.

Cuando a Bernabé se le preguntó la profesión, contestó: "Soldado de la patria", y no quiso recibir los auxilios espirituales que le ofrecieron los sacerdotes nombrados por los peninsulares.

El día 4 de noviembre fue conducido al patíbulo junto con Ryan, Jesús del Sol y Céspedes. Se negó a que le vendaran los ojos y a ponerse de rodillas, y fue fusilado por la espalda.

Este hecho llenó de indignación a la opinión pública y los colonialistas hubieran fusilado a todos los prisioneros a no ser por la intervención de Lambert Lornaine, comandante del buque de guerra inglés La Níobe, y por la prensa española que publicó artículos pidiendo clemencia.

Un grupo de jefes y oficiales del ejército publicó en un diario de Madrid una nota donde pedía

... indultar de la pena de muerte a D. Bernabé de Varona, conocido por "Bembeta", cuyos valerosos rasgos le hacen digno de la compasión y del respeto que las almas nobles tributan al heroísmo.

Y a renglón seguido añadían:

Algunos de los firmantes, han debido su existencia a la entereza y generosidad del valiente enemigo D. Bernabé de Varona, y todos han tenido por verdadera honra la de medir sus armas con las de un hombre de guerra, que ha sido en la Cuba una gloriosa excepción, y que ha dado siempre cuartel a los vencidos.

También el camagüeyano José Ramón de Betancourt, que se encontraba en Madrid por aquel entonces, hizo gestiones a favor de "Bembeta", y al fin se atendieron aquellas súplicas y se mandó a suspender inmediatamente toda pena capital en aquel caso; pero el aviso llegó a Santiago de Cuba retrasado y ya Varona y 52 de sus hombres habían sido ejecutados.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,