¿Por qué gritan las momias?

El pasado 10 de marzo, un equipo de arqueólogos peruanos anunció el hallazgo de dos momias de la cultura Chachapoyas en el departamento de Amazonas, al norte de Perú. Sus rostros desfigurados recuerdan a los que, en 1996, conmocionaron al mundo con sus muecas de calvario. Aquel año, un grupo de agricultores se topó con un espeluznante cementerio en la Laguna de los Cóndores, situada en las faldas orientales de los Andes.

Los arqueólogos que visitaron el yacimiento, tras un viaje de 10 horas en mula desde Leymebamba, hablaban de cadáveres con los últimos estertores de la agonía congelados en el rostro, de gritos de auxilio momificados, de guerreros chachapoyas desaparecidos por una muerte horrible hace cientos de años. Sólo Edvard Munch, el pintor de la angustia existencial, consiguió plasmar un desconsuelo tan inconmensurable en sus óleos.

En realidad, la ciencia se ha empeñado en quitar buena parte de su mérito al artista noruego, autor del célebre cuadro El grito. La versión oficial del pintor sobre su obra maestra es que fue fruto de un ataque de ansiedad. "Estaba dando un paseo con dos amigos, atardecía, y de repente el cielo se volvió rojo como la sangre [...], me quedé quieto, temblando por la ansiedad, y sentí un grito infinito atravesando la naturaleza", escribió Munch en su diario en enero de 1892.

Más de un siglo después, en 2003, astrónomos estadounidenses afirmaron que el cielo rojo sangre no surgió de la imaginación de Munch, sino de los extraños crepúsculos que provocó en Oslo la erupción del volcán indonesio Krakatoa en 1883.

Ahora, el Instituto Americano de Arqueología, una de las mayores organizaciones del mundo en esta especialidad, recuerda en su revista Archaeology que Munch no captó la esencia de la angustia existencia en El grito, sino que, muy posiblemente, realizó el retrato de una momia boquiabierta que había contemplado en el Museo del Hombre de París en 1889. Y lo que dibujó no era un grito, sino una cara desecada con la mandíbula desencajada. Las momias no gritan.

UNA ARTICULACIÓN ENDEBLE

Las causas de las horribles expresiones de los cadáveres encontrados en yacimientos de Egipto, Italia, México y Perú no inspirarán muchos libros. La ciencia no deja espacio para la lírica. Según explica el artículo en Archaeology, la articulación temporomandibular, que une la mandíbula al cráneo, es la culpable del supuesto aullido de las momias.

La endeblez de esta unión simplemente compuesta por músculos y ligamentos, y menos robusta que otras, como las de las rodillas provoca que la mandíbula se desplome cuando los músculos, como el masetero (el grueso del carrillo), se descomponen tras el rígor mortis. Los chachapoya, mitad guerreros y mitad chamanes, pudieron morir de manera plácida, con una sonrisa en la boca, pero el descoyuntamiento post mórtem de su mandíbula ha engendrado un alarido en sus rostros.

El paleopatólogo Arthur Aufderheide, de la Universidad de Minnesota, añade a la estructura de la articulación y a la descomposición muscular un tercer ingrediente del grito de las momias: la educación del observador. "Hemos aprendido a leer expresiones en las caras de los demás, y lo hacemos también, inevitablemente, al ver un cuerpo momificado", detalla. Como Munch. Se observa una insoportable agonía donde sólo hay un proceso natural: la muerte. (Manuel Ansede. Público / Tomado de madri+d).


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