Aquí Dolores Rondón finalizó su carrera...

Hay en el cementerio de la ciudad de Camagüey, en medio justo de una calle interior, un pequeño monumento. Fue erigido en 1933 por la alcaldía municipal sobre la base de una antigua tumba. En una placa de mármol aparecen los versos que varias generaciones de camagüeyanos han memorizado cual epitafio eterno:

Aquí Dolores Rondón
finalizó su carrera.
Ven, Mortal, y considera
las grandezas cuales son:
el orgullo y presunción,
la opulencia y el poder,
todo llega a fenecer,
pues solo se inmortaliza
el mal que se economiza
y el bien que se puede hacer.

Tumba de Dolores Rondón. La poesía apareció hacia 1883. Estaba escrita con letras negras en una pequeña pieza de cedro pintada de blanco. Una estaca de madera dura la fijaba en la tierra de una tumba. Durante años, cada vez que la tablilla se deterioraba manos anónimas la restauraban. Así estuvo medio siglo.

Dicen que fue Dolores Rondón una bella mulata criolla, nacida hacia 1812. La amaba el joven barbero mulato Francisco Juan de Moya y Escobar, a quien ella despreciaba. La presumida Dolores se casó con un oficial del ejército español, enviudó, empobreció y enfermó de muerte, allá por 1863. Hasta se le atribuye haber vivido en la Península, de donde regresó al morir, arruinado, el esposo.

Junto a su lecho en el Hospital de Mujeres del Carmen fue Francisco el único y último amparo de aquella infeliz mujer. Y pudo haber sido él quien escribió la composición . Es la historia de un amor imposible, los desdenes de ella y las cualidades que él estimaba fueron sus defectos. Esta es la leyenda, inmortalizada en libros y hasta en piezas teatrales y, por consiguiente, enriquecida.

Los historiadores han encontrado la existencia real de una parda, María Dolores Aguilera, hija natural, por lo que también aparece como Dolores Rondón. Nació en 1811. Murió de tisis en 1863, soltera y sin descendencia. Fue enterrada de limosna. (Texto: Héctor Juárez Figueredo. Tomado del Sitio de Información Turística de Camagüey).